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Mis amigos siempre se burlan de mí porque dicen que soy como un señor en el cuerpo de un muchacho. Creen que exagero porque todo el tiempo los estoy sermoneando con que sean responsables y se cuiden en su vida sexual. Pero no lo digo sólo por decir, sino que trato de aconsejarlos para que no pasen malos ratos después de haber tenido uno muy bueno.

Un susto que no da gusto

Como mi amigo Javier, que un día llegó a la escuela todo pálido y ojeroso por no haber dormido la noche anterior. Pregunté qué le pasaba y dijo que estaba muy preocupado porque creía que su novia podría estar embarazada. Yo ni siquiera sabía que ellos tenían relaciones sexuales. Javier me contó que hacía tiempo que cuando su mamá salía a trabajar, ellos aprovechaban que la casa estaba sola y tenían sesiones intensas de besos y caricias, pero siempre evitando llegar hasta el sexo. Al principio lo hacían completamente vestidos, pues a los dos les daba mucho miedo enfrentar un embarazo que no deseaban.

Sin embargo, conforme pasó el tiempo fueron usando menos y menos ropa, hasta que un día no pudieron parar y llegaron a la penetración. Él dice que intentó sacar su pene antes de la eyaculación, pero no sabe si lo logró del todo. “¿Pero por qué no usaron condón?”, le pregunté en tono de regaño, y contestó que no tenían condones porque creían que así no cederían a la tentación de tener sexo, pues sus familias siempre les habían inculcado que eso sólo se da después de casarse.

La angustia de Javier duró varios días, hasta que su novia por fin le dijo que había llegado su menstruación. Ahora que ya estaba aliviado, le recomendé que tuviera siempre un condón a la mano para que, si iban a continuar con sus relaciones, lo hicieran de forma segura.

Nuestros otros amigos se enteraron de esto y hasta se rieron un poco de Javier, pues ellos ya habían pasado por esos tremendos sustos, a veces más de una ocasión. ¡Y lo decían así, como si fuera un triunfo! Como si fuera algo que todos tenemos que vivir alguna vez. Yo les recordé que no, que si no queríamos tener un embarazo inesperado o alguna infección de transmisión sexual debíamos protegernos siempre con condón.

“Pero eso apaga todo el momento”, dijo Fernando. “Apenas logro convencer a la chica de tener sexo, no voy a arruinar el esfuerzo para ponerme un condón”. Mario, otro amigo, lo apoyó y añadió aquel típico argumento, ya tan antiguo, de que no lo usa porque “con condón no se siente igual”. Pero eso, les dije a todos, es justo el problema: pensar que el condón es un obstáculo para el placer cuando en realidad es algo que nos puede dar la tranquilidad para gozar del momento plenamente.

No es un obstáculo para la diversión

Si todos usáramos correctamente el condón, les recordé, ni Fernando ni Mario habrían estado preocupados por haber contraído alguna infección en relaciones que tuvieron por ahí en una fiesta. Por supuesto, Javier no se habría pasado las noches en vela pensando cómo iba a hacer si su novia hubiera estado realmente embarazada. Parecía que prefieren vivir esa angustia que estar prevenidos con un condón en el bolsillo (uno que tenga suficiente espacio para que no se aplaste ni se dañe).

Por eso dicen que soy el señor del grupo, porque les insisto en que es mejor protegerse de cualquier cosa que cambie los planes que tenemos en este momento: terminar la escuela, salir con amigos y comprar las cosas que te gustan: cómics, videojuegos, tenis de moda, etc. No pueden seguir viendo a los condones como un estorbo cuando deberían ser una herramienta que protege tu salud, tal como la pasta dental o los anteojos. Además, no puede ser tan malo si invitas a tu pareja a involucrarse en colocarlo, o ¿por qué no?, en elegir uno divertido para utilizar juntos, como uno con color, con aroma o con alguna textura atrevida. Si podemos tomarlo como algo natural que nos evitará problemas y dolores de cabeza, estoy seguro de que todos lo usaríamos.

En AHF Panamá queremos que disfrutes de forma segura. Por eso tenemos condones gratis para tí. Visítanos o mandanos un WhatsApp para más información. 

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