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13 de noviembre de 2020

El Programa de las Naciones Unidas para el VIH/Sida (ONUSIDA) anunció, en su informe de mitad de año, que las metas planteadas para contribuir al fin de la epidemia de VIH no podrán cumplirse debido, en parte, a progresos profundamente desiguales entre y dentro de los países, pero también a la emergencia sanitaria generada por la pandemia de COVID-19.

Si la situación causada por el nuevo coronavirus comienza a consumir más recursos de los sistemas de salud y esto repercute negativamente en los recursos destinados para el VIH, el progreso obtenido hasta ahora podría retrasarse diez años, informó el organismo.

ONUSIDA había planteado a los países del mundo tres metas a cumplir este 2020: que 90% de las personas con VIH conozcan su diagnóstico, que 90% de esas personas tengan acceso al tratamiento, y que 90% de las personas en tratamiento tengan suprimida la carga viral, es decir, una cantidad tan baja de virus en la sangre que no puede ser detectada.

Estas metas pretendían allanar el camino para conseguir, en 2030, el fin de la epidemia de sida. Sin embargo, los progresos registrados por el programa fueron muy desiguales, ya que sólo 14 países del mundo han logrado cumplir los objetivos 90-90-90. En contraste, de los 38 millones de personas que viven con VIH en el mundo, 12.6 millones todavía no tienen acceso al tratamiento antirretroviral.

Además, el mundo va atrasado en la prevención de nuevas infecciones, pues 1.7 millones de personas adquirieron el virus recientemente, más del triple de la meta que ONUSIDA había planteado. Mientras en zonas como África Oriental y Meridional las infecciones bajaron 38% desde 2010, en Europa Oriental y Asia central, éstas aumentaron en 72%.

La llegada del nuevo coronavirus

De acuerdo con el programa de la ONU, la pandemia de COVID-19 “ha impactado seriamente la respuesta al sida” y la situación podría ser más grave. Por ejemplo, si se interrumpiera durante 6 meses el tratamiento antirretroviral, podría causar más de 500 mil muertes adicionales tan sólo en África subsahariana, regresando a la región a los niveles de mortalidad por sida que tenía en 2008.

Ante este panorama, ONUSIDA y otros organismos lideran un llamado global para que haya una vacuna universal contra la COVID-19, y que “todas las vacunas, tratamientos y pruebas sean libres de patentes, producidos en masa y distribuidos de manera justa y gratuita para todos”.

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